viernes, 20 de julio de 2012

DE TUS SÚPLICAS

Me hablas bajo en el oído, pidiéndome que te desee
tal cual eres, mujer sincera
dueña de virtudes y yerros.
Me dices deséame inmaculada el alma,
limpia la frente, dueña de la esperanza.
No busques en mi tierra vírgen
ni hierba jamás cortada.
Soy hembra conocida por los dioses
del amor y las pasiones. Dama
de hermético velo para el extraño
y ancho y cálido tálamo para el amado.
 
Búscame en las puertas del templo
que en compañía de Eros verás
mis anhelos de compartir contigo
lo que en la piel sea propicio goce.
Estaré aguardándote en la mar
agitada por las olas del deseo.
Allí abriré mi blanda carne a tu ímpetu,
contenida desde el albor de los siglos.
No me busques en las aldeas ni ciudades
que yo moro en las puertas del Olimpo.
Cupido es mi dulce celador, Minerva
consejera de vida, de acciones y actitudes,
Baco afiebrado pretendiente de las
profundidades de mis níveos placeres.
 
No me busques en las alturas de la nieve,
ni el engañoso lecho de las nubes,
que mi vuelo es corto e inseguro
si tus manos no ciñen mi cintura,
abarcando el temblor de los pechos
que suspiran por el beso de tu locura.
Amado, yo te aguardo, cubierta
de ingrávida vestidura, en la celda
más recóndita de mis ardores
hacia tu virilidad regalada a mi
ansiosa oquedad, para ti perfumada
por las rosas de la sagrada floresta
en que Zeus subyugó a la casta Hera.
 
Yo te busco, diosa de mis amores,
entre lo umbrío de la selva nueva
y entre de los volcanes la bravura;
vago por las paralelas del tiempo
y el espacio, afincado en la ilusión
de encontrar de tu hogar acogida.
Te deseo tal cual suplicas, alma mía,
nada mío habrá de macular tu imagen,
no elevaré libidinosa forma en mis aspiraciones,
como tampoco egoísmo ni celos vanos a tus encantos.
Seré vigilante adorador de tus señales,
seguidor de tu huella, atento a tu llamada.
Confía en mi pretensión de alcanzarte
y tendidos en el equinoccio de otoño,
donde los amantes encuentras goce y consuelo,
daremos fin a larga espera de consumar
de la piel el tormentoso desespero del sexo.
Serás diosa interminable, ama absoluta
de mi vida. No temas, ninfa mía,
que te amaré mañana con el poder que hoy te amo..

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